Los 3 componentes de la autoestima

Tener autoestima es un requisito básico para ser feliz.

Aunque pueda parecer que amarse a uno mismo es algo relativamente fácil, la triste realidad es que muchas personas sufren un déficit de autoestima que les dificulta alcanzar sus objetivos personales y profesionales.

Afortunadamente, la autoestima no se hereda sino que puede construirse a partir de los 3 componentes siguientes:

1.- Confianza en sí mismo

La confianza en uno mismo engloba dos tipos de confianza:

1.1.- Confianza en las propias capacidades

A nivel profesional significa:

  • Sentirse competente para realizar las funciones requeridas en el puesto de trabajo. Es tener la sensación de que “soy bueno en lo que hago” o, en el caso de que todavía no se tenga la experiencia suficiente, de que “voy a aprender todas las habilidades que necesite”.
  • Tener la certeza de que podremos desarrollar las competencias necesarias para afrontar nuevos retos profesionales. Las personas que no tienen esta certeza se sienten incómodas ante la perspectiva de una promoción profesional y hacen todo lo posible, a veces inconscientemente, para evitarla.

A nivel personal significa:

  • Sentir que somos capaces de alcanzar nuestros objetivos en las distintas áreas de la vida.

Cuando una persona no tiene confianza en sus propias capacidades se siente insegura e incompetente y esto se nota principalmente en su manera de hablar en público. De ahí que para aumentar la confianza en nuestras propias capacidades, sea extremadamente importante aprender a comunicar con poder.

En el ámbito profesional, vemos como algunas personas no se atreven a participar activamente en una reunión por miedo a que sus propuestas o sus opiniones sean rechazadas. Este comportamiento de evitación es altamente peligroso, puesto que el hecho de evitar la situación temida aumenta la propia sensación de incapacidad y así, en la siguiente reunión, aún sienten más miedo a participar.

1.2.- Confianza para afrontar los desafíos de la vida

Es la sensación de que siempre se saldrá adelante pase lo que pase.

A veces el miedo a afrontar algún cambio vital, nos hace permanecer en situaciones altamente insatisfactorias. Es muy probable que conozcas a alguien que, aunque se siente muy insatisfecho e infeliz en su relación de pareja, no rompe su relación porque se siente incapaz de afrontar la nueva situación de soledad.

Seguro que también conoces a alguien que se queja continuamente de su trabajo, pero que no se atreve a buscar otro por el miedo a perder la falsa “seguridad” que le proporciona el trabajo conocido.

Cuando uno no tiene este tipo de confianza se siente infeliz e impotente. Pero, precisamente, lo que impide desarrollarla es permanecer en la situación insatisfactoria.

La falta de confianza en uno mismo alimenta el miedo al fracaso y también el miedo al rechazo. Se trata de un círculo vicioso que hay que romper.

Es muy importante que seas consciente de todas las veces, tanto en el ámbito personal como en el profesional, en las que evitas exponerte a una situación que te produce miedo o ansiedad. Piensa que cada vez que la evitas, aumenta tu sensación de incapacidad y por lo tanto disminuye tu autoestima.

En consecuencia, si quieres aumentar tu autoestima, en lugar de evitar exponerte a las situaciones temidas, sal de tu zona de confort y afróntalas.

2.- Aceptación de uno mismo

La autoaceptación es un elemento clave en el desarrollo de la autoestima. La persona que se acepta a sí misma se caracteriza por:

2.1.- Sentirse una persona valiosa

Es la sensación de sentirse valioso o valiosa independientemente de nuestros éxitos y de nuestros fracasos, de lo que somos, de lo que hacemos o de lo que tenemos.

Cuando una persona duda de su propia valía tiene una sensación de insuficiencia. Muchas veces esto da lugar a una autocrítica excesiva y a una autoexigencia desmesurada que alimentan tanto el miedo al fracaso como el miedo al rechazo.

En lugar de pensar en las cosas que no sabemos hacer bien, deberíamos centrar nuestra atención en nuestros talentos y en nuestras habilidades.

Nunca te digas a ti mismo frases del tipo “soy tonto/a” o “soy un desastre”, porque lo único que consigues es reforzar tu sentimiento de insuficiencia y disminuir tu autoestima.

Si realmente quieres desarrollar una cualidad que en este momento no posees, debes hacerlo desde la autoaceptación y no desde el rechazo.

2.2.- Sentirse a gusto en la propia piel

Es la sensación de amar el propio cuerpo, de tener ganas de cuidarlo y mimarlo, proporcionándole una alimentación sana y equilibrada, descanso suficiente, ejercicio físico saludable, así como momentos de placer, ocio y diversión.

Cuando una persona no está satisfecha con su propio cuerpo suele llevar a cabo comportamientos perjudiciales para su salud (casi siempre relacionados con la comida y la dieta) y entrar en una dinámica que no hace más que alimentar su sensación de insuficiencia y su miedo al rechazo. Estar en lucha con nuestro cuerpo es un auténtico autosabotaje que disminuye nuestra autoestima.

Tenemos que ser conscientes de que los medios de comunicación y las industrias de la moda, la cosmética, la estética y la dietética promueven sin descanso el culto a la belleza y a la eterna juventud. Así, sin darnos cuenta nos obsesionamos por estar bien por fuera en perjuicio de nuestro bienestar y de nuestra autoestima. Evitemos caer en esta trampa. La persona que tiene autoestima cuida su aspecto para resultar atractiva, pero lo hace desde la autoaceptación y no desde el rechazo. ¡He aquí la gran diferencia!

Si queremos aumentar nuestra autoestima hemos de pensar siempre en términos de salud y bienestar tanto físico como emocional.

3.- Respeto hacia uno mismo

El respeto hacia uno mismo es lo que conocemos como dignidad y constituye el núcleo de la autoestima.

Este factor se divide a su vez en dos elementos:

3.1.- Sentirse digno y merecedor de amor, respeto y felicidad

La persona que tiene autoestima se siente digna y merecedora de todo lo bueno que la vida puede ofrecer.

Para conseguir cualquier objetivo ya sea material o emocional, tanto en la esfera privada como en la profesional, la primera condición es que nos sintamos merecedores de aquello que queremos conseguir.

Hay personas con mucho talento que no consiguen desarrollar una carrera profesional exitosa porque, en el fondo, creen que no se la merecen.

Por otro lado, cuando una persona no se respeta a sí misma tiene muchas probabilidades de sufrir y fracasar en sus relaciones de pareja. Correrá el peligro de atraer a personas “tóxicas” y tenderá a sacrificarse por amor y a establecer relaciones de dependencia afectiva.

3.2.- Proteger los propios intereses

La persona que se respeta a sí misma hace todo lo posible para proteger sus intereses materiales y emocionales en todas las áreas de su vida.

Aunque la idea de proteger los propios intereses parece obvia, muchas personas no solamente no los protegen, sino que además no son conscientes de ello.

Es muy frecuente que en el ámbito familiar se nos presente la disyuntiva entre complacer a los demás y proteger los propios intereses. En estos casos, proteger los propios intereses podría generar un conflicto con algún miembro de la familia. Debido a nuestro miedo al rechazo, tendemos a evitar los conflictos esperando con ello una retribución emocional en forma de cariño, gratitud, etc. (que, por cierto, casi nunca obtenemos).

Hemos de tener en cuenta que cada vez que por miedo al rechazo renunciamos a proteger nuestros intereses, nuestra autoestima se debilita y aumenta la probabilidad de que en sucesivas ocasiones también seamos incapaces de protegerlos.

En consecuencia, en lugar de evitar los conflictos de intereses lo que deberíamos hacer es aprender a gestionarlos y a negociar de forma estratégica.