Imagen profesional

La imagen profesional

El martes 29 de abril leí en la prensa que una turista confundió a Richard Gere con un mendigo y le ofreció un trozo de la pizza que estaba comiendo. Por lo visto, el actor se encontraba en pleno rodaje de una película, pero la turista no se dio cuenta. La noticia me hizo gracia e inmediatamente me vino a la mente la imagen de Richard Gere en la película American Gigolo donde aparecía elegantísimo con sus trajes de Armani. Luego me acordé de una frase de Oscar Wilde: “Solo los frívolos no dan importancia a las apariencias”. A propósito de esta anécdota, y más allá de reflexiones puramente estéticas, creo que deberíamos ser muy conscientes de cómo cambia la percepción que tienen los demás de nosotros en función de nuestro atuendo. Y esto es todavía más importante cuando nos referimos al entorno profesional.

El reputado psicólogo Paul Watzlawick, una de las figuras clave de la Teoría de la comunicación humana y del constructivismo, estableció un axioma que se ha hecho muy famoso: “No es posible no comunicar”. En efecto, siempre estamos comunicando, ya sea a través, de las palabras, el tono de voz, los gestos, la mirada, la posición corporal, la expresión facial, la manera de andar, etc. Al mismo tiempo, nuestro modo de vestir también transmite muchísima información sobre nosotros. Y de ahí surgen las preguntas que deberíamos plantearnos: ¿Qué estoy comunicando a través de mi forma de vestir? ¿Transmito confianza en mí mismo/a? ¿Transmito rigurosidad y profesionalidad? ¿Mi forma de vestir me está ayudando a avanzar en mi carrera profesional?
Lamentablemente, hay muchas personas que no se dan cuenta de que su modo de vestir y de arreglarse no les ayuda para nada en la consecución de sus objetivos profesionales. Puede que tengan mucho talento e incluso mucha confianza en sí mismas, pero en las entrevistas de selección no comunican aquellos valores que la empresa y/o el puesto de trabajo requieren.

A la hora de elegir un atuendo profesional para optar a un puesto de alta dirección, los hombres lo tienen mucho más fácil que las mujeres, ya que la “norma” establecida para ellos es muy simple: solo necesitan traje oscuro, camisa y corbata. En cambio, las mujeres lo tenemos más complicado, precisamente porque disponemos de muchas más opciones de vestuario donde elegir. Para evitar errores estratégicos, es muy importante que tengamos en cuenta que no siempre la ropa que más nos favorece es la que más nos conviene.

En consecuencia, si lo que queremos es desarrollar un carrera profesional exitosa y ascender a un puesto de más poder y responsabilidad, deberíamos elegir un vestuario que transmita poder personal y todas aquellas cualidades que se requieren para el puesto.