El poder de la gratitud

En nuestra búsqueda del bienestar, a veces nos olvidamos que tenemos a nuestra disposición un método muy sencillo para experimentar placer y alegría. Se trata de practicar la gratitud. ¿Quién no se siente más feliz después de dar las gracias?

En este sentido, el filósofo André Comte-Sponville, en su libro Pequeño tratado de las grandes virtudes, nos dice: “La gratitud es la más agradable de las virtudes y el más virtuoso de los placeres”.

Podemos mostrar nuestro agradecimiento a las personas que nos ayudan y nos hacen bien, pero también podemos dirigir nuestra gratitud hacia la Vida, siendo conscientes de todas las cosas buenas que nos suceden.

¿Eres consciente de todo lo bueno que está presente en tu vida?

Piensa en aquellas personas que te quieren y que te aprecian. ¿Cómo te sientes al agradecer su existencia?

Piensa también en todas aquellas comodidades de las que disfrutas, pero que posiblemente no valoras suficientemente porque las das por supuestas.

¿Cómo sería nuestra vida sin agua potable y sin electricidad? ¿Las valoramos de forma consciente? ¿Agradecemos poder disfrutar de ellas? Cuando nos detenemos a apreciar y agradecer todo aquello que nos ayuda a vivir de forma más confortable, nos damos cuenta de que en nuestra vida tenemos muchísimos motivos para estar agradecidos.

La gratitud tiene el poder de dirigir nuestro foco de atención hacia lo positivo y, en consecuencia, nos ayuda a superar los estados de agobio, ansiedad y frustración que aparecen cuando ponemos nuestro foco de atención en lo negativo.

Si quieres aumentar tu bienestar, te recomiendo que cada día, antes de acostarte, pongas en práctica el siguiente ejercicio:

  • Mira a tu alrededor y elige algún objeto que te haga la vida más fácil o más confortable. Seguidamente, agradece que puedes disfrutar de él.
  • Haz un repaso rápido de tu jornada y elige un momento en que hayas experimentado placer, alegría, amor o cualquier emoción positiva. Agradece ese momento y revive las sensaciones agradables.
  • Tómate unos instantes para recordar a alguna persona (puede ser un familiar, un amigo, un maestro, etc.) que te haya brindado su apoyo en un determinado momento de tu vida. Siente un profundo agradecimiento por todo lo que esta persona hizo (o está haciendo) por ti. En el caso de que dicha persona haya fallecido, agradece también que hayas tenido la suerte de haberla conocido.

Asimismo, en tu día a día, aprovecha cualquier ocasión para “dar las gracias”. Conecta con el inmenso poder de la gratitud y te resultará mucho más fácil mantener una relación armoniosa contigo mismo, con los demás y con las circunstancias de la vida.