Defender los propios intereses

Autorizarse a proteger los propios intereses

Hay muchas personas que, centradas en complacer a la gente que les rodea, sacrifican sus intereses en función de los deseos de los demás, esperando recibir una retribución emocional en forma de cariño, gratitud, etc. Pero, por desgracia, lo que suele ocurrir es que los demás se aprovechan de ellas. De esta manera se crean relaciones desiguales donde uno es el que “da” y el otro el que “recibe”. Este desequilibrio entre “dar” y “recibir”, produce a la larga frustración, rabia y resentimiento.

La cruda realidad es que cada vez que, por miedo al rechazo, renunciamos a satisfacer nuestros deseos y necesidades, nuestro poder personal se debilita y aumenta la probabilidad de que en sucesivas ocasiones los demás sigan aprovechándose de nosotros.

En consecuencia, si queremos desarrollar nuestro poder personal deberemos autorizarnos a proteger los propios intereses. Ello conlleva las autorizaciones siguientes:

Autorizarse a tener éxito

Muchas personas se conforman con la mediocridad porque en el fondo creen que el “éxito” no es para ellas. Además, tienen miedo de que si tienen éxito, su familia, su pareja o sus amigos se distanciarán de ellas.

Ten presente que si alguien te quiere de verdad, deseará lo mejor para ti y nunca pondrá impedimentos a tu desarrollo personal y/o profesional.

Hemos de ser conscientes de que el miedo al éxito es tanto o más peligroso que el miedo al fracaso.

Autorizarse a ser una persona estratégica

Para proteger los propios intereses será necesario aplicar la estrategia más adecuada en función de la situación.
Algunas personas piensan que la palabra “estrategia” es equivalente a “manipulación”. Nada más lejos de ello. Se puede ser una persona estratégica dentro de un marco ético y respetando a los demás.

La persona egoísta es manipuladora porque no le importa hacer daño a los demás. Es una persona que solo quiere “recibir” sin “dar” nada a cambio.

El poder personal “sano” se basa en alcanzar los propios objetivos materiales y emocionales (bienestar y satisfacción vital) respetando a los demás y procurando que nuestras relaciones con nuestra pareja, familia y amigos se basen en la reciprocidad.

Autorizarse a decir “no”

En muchas ocasiones decimos “sí” cuando en realidad desearíamos decir “no”. Por ejemplo, nos llama un amigo para invitarnos a una fiesta a la que no nos apetece ir y, sin embargo, decimos que “sí”. ¿Por qué decimos “sí” cuando, para proteger nuestros intereses, deberíamos decir “no”? Nuestras ganas de complacer, nuestro miedo a sentirnos rechazados si decimos que “no” y la sensación de culpa por “abandonar” a nuestra amigo se confabulan para hacernos decir “sí”. El problema de este comportamiento es que cada vez que decimos “sí” cuando desearíamos decir “no”, nuestro poder personal baja en picado.

Por lo tanto, si quieres aumentar tu poder personal, autorízate a decir “no” cuando algo no te interesa, no te conviene o no es tu responsabilidad. Puedes decir: “lo siento, me gustaría pero no puedo”. Esta culpa que sentimos al decir “no” es una culpa disfuncional. Es decir, es una culpa que no tiene ninguna base ética, legal o moral, y que sólo sirve para disminuir nuestro poder personal.

Autorizarse a pedir y a negociar

“Negociar” es una palabra que no forma parte de nuestro vocabulario habitual. Asociamos “negociar” a contratos de compra-venta, pero no la utilizamos para nuestras interacciones personales en el día a día.

Precisamente, es en las relaciones más próximas donde hemos de ser capaces y hábiles para negociar. ¿Qué entendemos por negociar en estas situaciones? Significa expresar nuestras peticiones, escuchar las de los demás, y llegar a un acuerdo que sea satisfactorio para ambas partes. Un ejemplo muy típico de falta de negociación lo encontramos en el ámbito doméstico. Una gran mayoría de mujeres aceptan que la responsabilidad de las tareas domésticas recaiga sobre sus espaldas. No se atreven a negociar con su pareja un acuerdo que sea justo y equilibrado para ambas partes. En lugar de ello optan por la “queja”.

Hemos de ser muy conscientes de que “pedir” y “negociar” son comportamientos que aumentan nuestro poder personal, en cambio cada vez que nos quejamos, nuestro poder personal disminuye no solamente ante nosotros mismos sino también a los ojos de los demás.

Autorizarse a alejarse de personas “tóxicas” en la esfera privada

Del mismo modo que a nuestro alrededor existen personas “nutritivas” que nos aprecian, nos apoyan y nos hacen sentir bien, también podemos encontrarnos con personas “tóxicas” que nos hacen sentir menospreciados y cuya presencia puede hacer tambalear nuestro poder personal. Estas personas pueden ser miembros de nuestra familia, amigos o conocidos. Es muy importante que nos autoricemos a alejarnos de las personas “tóxicas” ya sea en un sentido físico o en un sentido emocional.

Si tenemos un amigo que continuamente nos pide favores y, en cambio, él es incapaz de hacernos un favor, ya va siendo hora de que nos alejemos de él. No hace falta ser bruscos, pero sí que podemos ir dando largas.

Autorizarse a equivocarse

Equivocarse es lo más normal del mundo y forma parte de nuestro camino hacia el éxito. Las personas que no cometen errores son las que nunca se arriesgan y, en consecuencia, están condenadas a vivir en la más absoluta mediocridad. Debemos considerar nuestros errores como lecciones valiosas que la vida nos ofrece, y sustituir la palabra “fracaso” por la palabra “aprendizaje”.

A partir de ahora, ¿a qué vas a autorizarte?